Costumbres y tradiciones

    Luis Noé Sánchez (2002)

 

 

    Del libro "Historia y cosas de Villar de Cañas" - Ramón Pardo Ruiz (1978)

 

    Gonzalo Mantecón Sáez

     

 

    José Mª Jiménez Rodrigo

     

 

    Manuel Fernández Grueso

               

 

    Rubentino Ramírez Velázquez

               

 

 

 

COSTUMBRES Y TRADICIONES RELACIONADAS CON ETAPAS SIGNIFICATIVAS DEL CICLO DE VIDA EN VILLAR DE CAÑAS, CUENCA.

Luis Noé Sánchez, Septiembre de 2002

Para la elaboración de este artículo no existía posibilidad alguna de consulta de bibliografía, toda la información que queda aquí reflejada tiene como única fuente una memoria colectiva que ya solo subsiste en la mente de las personas más mayores.

Desgraciadamente, no podemos indagar en la memoria colectiva como si de un libro se tratase, los detalles y los propios hechos se van perdiendo y olvidando a medida que pasa el tiempo. La única forma de no perder del todo esas costumbres, antaño cotidianas, es plasmarlas en papel para así evitar el olvido. Esta es la razón más importante que lleva a hacer trabajos como el que ahora me ocupa, solo así podremos conservar una cultura que hemos de recibir como afortunados herederos.

Debo reconocer que la realización de este trabajo, que solo puedo considerar como un mero ejercicio de aproximación, ha despertado en mí un interés por llevar a cabo una investigación más profunda, por sacar a la luz más aspectos de la vida cotidiana de nuestros mayores y evitar que estos sean devorados por la inevitable amnesia que produce el paso del tiempo.

En este breve paseo por el pasado he contado con la compañía y consejo de dos amables octogenarios, mi querido abuelo materno, Enrique, con su lucida memoria de ochenta y dos años, y una señora de mi pueblo, Petra, que derrocha a partes iguales edad, amabilidad, avidez e ingenio. De su memoria ha salido todo lo que queda reflejado en este trabajo.

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Este creo que debo ser yoCOSTUMBRES RELACIONADAS CON EL NACIMIENTO.

Durante los meses de embarazo no existían demasiadas variaciones en la vida de las mujeres en estado, estas llevaban a cabo sus tareas cotidianas e incluso realizaban trabajos en el campo si coincidía con la época estival. Ocurría en ocasiones que los niños venían al mundo en el campo, tal vez mientras se segaba, con la única asistencia y ayuda del resto de mujeres que se encontraran allí trabajando.

Existían algunos métodos mediante los cuales las mujeres embarazadas intentaban averiguar el sexo del bebé que llevaban dentro. Uno de los métodos era echar una paletilla de conejo a la lumbre, al fuego, se interpretaba que si la paletilla se abría vendría una niña y si no, un niño. Otro método consistía en una pregunta realizada por alguna amiga de la mujer embarazada, esta debía ser formulada de manera imprevista, intentando causar sorpresa. Se preguntaba a la mujer embarazada: ¿qué tienes en la mano?, si al responder y prestar atención se miraba la mano con la palma hacia arriba significaba que estaba embarazada de una niña, si la palma estaba hacia abajo, era un niño.

La noche siguiente al nacimiento se seguía la costumbre de salir a mirar la luna, la madre recitaba lo siguiente: "cuando la luna está creciente es diferente, cuando está menguante es semejante", y de esta manera se llevaba a cabo una predicción del sexo que habría de tener el siguiente hijo en la familia, con luna creciente sería del sexo contrario al recién nacido, con menguante, del mismo sexo.

Una vez que habían dado a luz, las mujeres no podían salir a la calle hasta el día en que se llevaba el hijo a bautizar, estaba muy mal visto e incluso se consideraba pecado hacerlo. Las mujeres se ayudaban entre sí durante esos días, a la vez que procuraban celebrar el bautizo lo antes posible.

Lo normal era dar dos años o más de pecho, durante este tiempo, la madre tomaba muy a menudo "sopa en vino", una mezcla de vino con azúcar en el que se mojaba pan como sopa. Se decía que al tomar esto con regularidad se producía más leche. Algunos alimentos como las naranjas estaban prohibidos para las mujeres durante el periodo de lactancia.

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COSTUMBRES RELACIONADAS CON LA MOCEDAD.

Los mozos y las mozas solían formar grupos totalmente diferenciados, lo usual era encontrarse únicamente en momentos puntuales como eran los bailes, las bodas u otras celebraciones. Los días de fiesta tenían por costumbre salir a las dos o las tres de la tarde para pasar un rato paseando y acudir después al baile donde los chicos invitaban a bailar a las chicas y aprovechaban la oportunidad para hablar con ellas y conocerlas. Siempre se volvía a casa cuando empezaba a anochecer, con la única excepción durante la celebración de las fiestas del pueblo.

Durante los meses de verano se trabajaba todos los días, ya fuera segando, recogiendo "yeros" (lentejas) o haciendo "morteros", tarea que consistía en arrimar tierra a la base de los girasoles para que no se doblaran con el viento.

Dentro de los dos grupos de mozos y mozas se formaban distintas "cuadrillas" o grupos de amigos, estos se formaban en base a razones de familiaridad, simpatía o por pertenencia a un mismo estrato social. Se solía decir: "entre ricos hay ricos y entre pobres hay pobres". Las diferencias eran a veces acusadas y existía un patente fenómeno de clasismo.

Era común organizar reuniones en las que alguno tocaba un instrumento y se preparaban "orejillas de fraile" metiendo un cucharón en aceite hirviendo, luego en huevo y de nuevo en aceite durante unos segundos.

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LOS QUINTOS.

De estos no conozco a ninguno, pero el de la derecha es clavao al Cepa. Los quintos comenzaban sus celebraciones en torno a Nochebuena, una vez que se había realizado el sorteo de los destinos. Pasaban quince días sin trabajar, sin más tarea que festejar, beber y comer todo lo que pudieran.

En cada casa se cocía pan cuando llegaban los quintos, estos llevaban las masas en un "estiño" (cuba de esparto con dos asas) al horno donde, previo aviso, les habían dado hora. Como contraprestación por llevar la masa en la carreta y por la ayuda, cada familia elaboraba una gran torta que se entregaba a los quintos para que estos se la comieran o la vendieran.

Si moría alguna caballería, algo usual bajo el acusado frío invernal, esta era llevada a los prados donde era despellejada. Con este pellejo y con una caja grande de madera, normalmente de sardinas, se construía un bombo. Se hacía un mazo y acompañados por una trompeta salían de ronda por las calles del pueblo, recogiendo en cada casa pan, vino, anís o lo que buenamente pudiera entregar cada familia.

La misma caballería de la cual se había extraído el pellejo era de nuevo utilizada por los quintos. Le despojaban los huesos y más tarde los colgaban de puertas y ventanas como parte de sus juegos y pillerías. Asustaban y molestaban a los vecinos con hechos como el cubrir de mierda las cerraduras de las casas o hacer pintadas con añil en las blancas fachadas encaladas. Era también una práctica habitual "blincar" o asaltar corrales para robar conejos organizando eventuales festines.

Tras estos quince días de celebraciones, los quintos seguían reuniéndose y organizando fiestas y festines hasta que, poco a poco, el grupo se iba desmembrando por la incorporación a filas de todos los nuevos soldados.

Debido a la emigración, el número de quintos fue disminuyendo, según estos datos (año-quintos): 1935-22, 1940-9, 1945-23, 1946-32, 1950-39, 1970-26, 1982-12 y 1985-3.

  aniblack01_up.gifLa boda de mi tía Pepa (el padrino es mi padre)

COSTUMBRES RELACIONADAS CON EL MATRIMONIO.

En tiempo de nuestros abuelos era bastante común mantener noviazgos de entorno a un año e incluso menos. A la hora de formarse parejas se tenía muy en cuenta por ambas partes el nivel socioeconómico, de manera que las relaciones se daban siempre entre iguales. Se criticaba a personas que pretendieran establecer relaciones con personas con mayor poder económico o social, a veces la diferencia podía estribar en un par de mulas. Resultaba deshonroso mantener un noviazgo con una persona de clase inferior y se volvía a repetir la aseveración de "entre pobres hay pobres y entre ricos hay ricos".

Las mozas debían ser muy cautelosas a la hora de elegir a un mozo como novio, este debía ser el adecuado y definitivo, puesto que en caso de romper alguna relación la muchacha quedaba marcada y en entredicho por lo que le resultaba más difícil casarse bien.

Una vez que se formaba una pareja, la relación existente entre ambos se limitaba a largos paseos acompañados con unos itinerarios convenidos de antemano. De ninguna manera se podían abandonar estos recorridos ni tampoco llegar más lejos pues se consideraba una actitud indecorosa. Los novios no se quedaban casi nunca a solas y el contacto permitido ni siquiera incluía los besos. El novio que quería demostrar públicamente su afecto elaboraba una "macolla", adorno realizado con trigo entrelazado, y lo colgaba en la ventana o puerta de la casa de la novia. También cuidaba de que nadie le colocase carteles que solían ser piropos, advertencias o declaraciones.

Una vez que se advertía la conveniencia de la celebración de la boda las dos familias de los novios se reunían para dar su visto bueno, acordar la fecha y planear el futuro inmediato de los recién casados, donde se celebraría la boda, donde viviría el futuro matrimonio y que cosas aportaría cada uno a su nueva vida en común. El hombre llevaría al matrimonio cebada y trigo para las mulas y los medios de vida de la pareja, la mujer preparaba el ajuar en la medida de sus posibilidades y solía procurar también la cama.

El siguiente paso era hablar con el Párroco y pasar un mes "publicaos", en la puerta de la Iglesia se comunicaba el próximo enlace por si hubiera alguien que tuviera algo que decir al respecto. Tras la publicación se celebraban los "atorgos", una despedida de soltero donde el novio invitaba a sus amigos a garbanzos y zurra.

Las bodas se celebraban normalmente en sábado y constaban de un doble ceremonial consistente en el tradicional acto de desposo, por un lado, y del "velado", por otro. En el acto de velado se utilizaba una vela y  un yugo, intervenían los padrinos que se colocaban a ambos lados de los novios. Todos sujetaban velas en sus manos, los novios eran cubiertos con mantos, la mujer totalmente y el hombre dejando la cabeza al descubierto, lo cual representaba que era libre. Sobre los novios se tendía también un cordel representativo del yugo. En ocasiones, el acto de velado no se efectuaba el mismo día de la boda, si esto ocurría se solía decir que solo estaban "medio casados" y procuraban ser velados en otra ceremonia junto a otra pareja.

Las bodas en las que alguno de los contrayentes era viudo solían celebrarse de noche sin el conocimiento de la mayoría de los habitantes del pueblo. Esto ocurría porque este tipo de enlaces no despertaban el mismo ánimo entre la gente, se les consideraba segundones. Al celebrarlo a escondidas se evitaban bromas y cantos que en estos casos solían ser comunes. Se solía decir: "¿Quién se casa?, fulano con fulana, ¿qué les van a regalar?, un candil roto, ¿y pa´ que?, ¡pa´que se rasque el choto!".

Los banquetes de boda se celebraban, normalmente, en casa de los suegros. Quien tenía, mataba una oveja, que luego comerían todos juntos, era muy típico preparar ensalada de habichuelas. Los invitados al banquete solían aportar animales o alguna otra vianda y en muy pocos casos dinero. Para la celebración se cogían prestados platos, porrones y demás utensilios de entre todos los invitados, se horneaba expresamente pan y se procuraba tener una buena reserva de vino.

En el banquete se solía cantar:

      "Tengo un uno,

      tengo un dos,

      tengo un tres,

      tengo un cuatro,

      tengo un cinco,

      tengo un seis,

      tengo un siete,

      tengo un ocho,

      tengo un nueve,

      y tengo un amorcito que por mi se muere,

      ¡vivan los novios!."

 

      "Que quieres que te traiga que voy a Huete.,

      que quieres que te traiga que voy a Huete.,

      unos zapatos blancos de rechupete,

      ¡vivan los novios!"

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COSTUMBRES RELACIONADAS CON LA MUERTE.

Cuando alguien moría se rezaba durante un mes el rosario en casa del difunto. Cada noche durante ese mes las mujeres acudían a rezar hasta altas horas de la mañana.

Se ponía un cirial en la Iglesia y cada vez que se iba se encendía una vela, había un cirial por cada difunto.

El luto de las mujeres se realizaba primero con un "cobijo", una manta negra que cubría completamente el cuerpo. A medida que fue pasando el tiempo empezó a utilizarse únicamente un pañuelo que ya dejaba ver la cara y más tarde se generalizaría el uso de una gasa a modo de pañuelo acompañado de vestidos siempre negros. En los tres casos se guardaba luto durante un periodo mínimo de un año, siempre y cuando el fallecido fuese un familiar en primer grado. El luto del hombre consistía en llevar un brazalete negro sobre la camisa blanca y cambiar los botones de esta, normalmente blancos, por botones negros, también durante un año.

Las cajas de los muertos eran realizadas por los amigos o familiares de este, con madera recogida en arboledas del pueblo. Estos mismos amigos y familiares se ocuparían de llevar el ataúd a hombros hasta el cementerio. 

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Del libro "Historia y cosas de Villar de Cañas" - Ramón Pardo Ruiz (1978)

LAS DANZARINAS

Esta imagen pertenece a Tresjuncos (Cuenca)El "santero" elegía doce chicas jóvenes, a las que adiestraba en unas preciosas danzas. En las procesiones en las que la Virgen era llevada a hombros iban delante recorriendo alegremente el pueblo al son de la dulzaina y de la banda de música.

Estas jóvenes iban ataviadas todas de blanco, con cintas en la cabeza, enaguas bordadas y almidonadas, zapatos blancos y medias encarnadas. Parecían palomas.

El santero iba por delante con el dulzainero, marcando los pasos a las danzarinas con una caña alta que mostraba en su parte superior una piel blanca y cintas de colores.

Las danzarinas llevaban castañuelas con cintas de colores. Iban parando en casa de los Hermanos de la Virgen, recogiendo unas monedas que depositaban en unos bolsillos atados a la cintura.

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EL REFRESCO

Los Hermanos de la Virgen, asisten en la tarde del día 7 de septiembre, víspera de la Fiesta, al "refresco". Este consiste en agua de limón, y una bolsa de almendras. También se reparte un bizcocho bañado en blanco.

Todo ello lo preparan cuatro Hermanos a los que cada año y por orden de antigüedad les toca "cumplir". Es costumbre que también asista la banda de música.

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LOS HERMANOS MENORES

En esta lista figuraba la gente mas humilde del pueblo. Ellos también tenían sus festejos: la cuerva y lo que llamaban "el puñao" (hoy se celebra esta costumbre el día de San Isidro).

El "puñao" consistía en tomar de unos canastillos tostones, es decir trigo tostado, cañamones, garbanzos tostados y cacahuetes, todo ello sin parar de beber cuerva por lo que algunos salían que no cabían por la calle.

La banda de música tocaba en la plaza, y toda ella estaba rodeada de quincallas, puestos de caramelos, almendras, anises, alajú y puestos de churros, además de algunas atracciones de feria como columpios, noria, caballitos, todo ello movido por el feriante a mano.

La fiesta acababa con la suelta de toros o vaquillas en una plaza improvisada con remolques y galeras.

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EL CORRER DE LAS BANDERAS

Esta costumbre perduro hasta 1936. Consistía en que una de las banderas que tenía la Virgen de muchos colores, se corría en la plaza del pueblo por los mozos mas fuertes y habilidosos.

Como curiosidad, había una mujer que competía con los hombres en este arte. La llamaban "Petra la Susana" y tenía mas fuerza que alguno de los mozos.

La víspera de la fiesta (7 de sept.) por la noche se disparaba la "pólvora", con sus árboles, cohetería y toro de fuego. El toro de fuego creaba gran espectación, porque nunca sabía uno de que casa iba a salir. Entre árbol y árbol la banda música tocaba un pasodoble, con lo cual la "pólvora" duraba más.

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LA SUBASTA

Es una costumbre que desde muy antiguo sigue en pié. Se celebra el día 9 de septiembre al llevar a la Virgen a su ermita, en el atrio que es muy amplio. En primer lugar se subasta el pasar la Virgen a la ermita. Antiguamente se pujaba con fanegas de trigo en lugar de dinero.

Luego se subasta todo aquello que ofrece la gente del pueblo, como por ejemplo, palomas, corderos, gallos, conejos, grandes calabazas, puros, botellas, etc.

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LAS HOGUERAS DE SAN ANTON

El día 16 de enero anocheciendo, se encienden las "luminarias" , que son hogueras a base de trastos viejos, aliagas y leña. Se cantaba alrededor de la lumbre cosas como: "Que haces hayLuminaria en la Plaza del Arenal mozo viejo, que no te casas, que te estas arrugando como las pasas". También es tradicional saltar las luminarias. Era costumbre comer tostones, trigo , guijas, cañamones y garbanzos tostados. Actualmente se asan en las ascuas forros de cabeza, chorizos, etc. todo ello regado con tinto del terreno.

El día de San Antón se llevaban los animales a bendecir a la iglesia, los pares de mulas, los caballos, los burros, alguna oveja o cabra, algún perro, siendo adornados lo mejor que se podía.

Después de la misa y procesión se repartían unos rollos pequeños de anises que los comían las personas y animales. Después se celebraban carreras de mulos y caballos. Se hacían concursos de lanzamiento de reja de arado y de boleo por los caminos del pueblo.

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EL GORRINO SAN ANTON

Desde la baja Edad Media, era habitual ver por nuestras calles a un cerdo que era alimentado por los vecinos. Ello servía para demostrar la fe cristiana sobre todo de los árabes cristianizados ante la Inquisición. Este era un gorrino que se soltaba por el pueblo de pequeño, y recorría todas las calles y eras en busca de comida sin que nadie le hiciese daño. Era mirado con simpatía por la gente, pues los únicos que le hacían de rabiar un poco eran los chicos. No tenía que trabajar mucho para ganarse la comida, pues se ponía a caminar por las calles del pueblo y cualquier vecino enseguida le sacaban a la calle el sustento, que en su mayoría era un puñado de granos de cebada, titos, etc., que hasta había quien le amasaba harina de cebada molida y salvado. De esta forma estaba alimentado en demasía. Para pasar las noches, se buscaba el sitio por las era y hasta alguna persona le daba sitio en el corral de su casa o cuadra, y le preparaba buena cama de paja. Los días previos a la celebreación de San Antón, los monaguillos recorrían el pueblo de casa en casa vendiendo rifas y para San Antón se sorteaba. El dinero era para el Santo o para la Iglesia. Por el mes de mayo cuando venían a vender gorrinillos el agraciado era el encargado de comprar otro dejándolo en libertad por las calles del pueblo.

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LOS MAYOS

Los mayos eran canciones profanas que solían cantar grupos de jóvenes que iban rondando por las calles del pueblo, en las puertas y ventanas de las novias. También se colgaban de las ventanas macollas de trigo o cebada adornados con cintas y caramelos.

Hoy desaparecida esta costumbre, los mayos se cantan durante el mes de mayo en honor de la Virgen de la Cabeza, por todos los devotos que acuden a la ermita a "las flores".

 

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LOS PELELES

Esta tradición consistía en colocar un pelele colgado de un pino que los mozos colocaban en la puerta de la iglesia la noche de Resurrección. La mañana del domingo después del encuentro, las muchachas lo manteaban. El pelele se hacía con tela y se rellenaba con paja.

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JUEVES LARDERO

Llamado también jueves graso, pues se celebra el jueves inmediato a carnavales, es decir el jueves anterior al miércoles de ceniza. Ese día existe la costumbre de salir los muchachos a "lardear" al campo y comer tortilla de patatas, chorizos, pan y vino.

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Gentileza de Tahona Hernáiz LOS HORNOS DE PAN

Estos existieron hasta los años 50. Estaban alimentados por leña y en ellos las familias cocían pan para 8 o 10 días. El pan se preparaba el día anterior cerniendo la harina con unos cedazos. Al día siguiente se amasaba con levadura natural y se ponía en un "escriño" hecho de paja o esparto a modo de cesto con asas y envuelto en unos lienzos que les decían "maseras", bien abrigadas hasta llegar al horno.

En el horno se cortaba la masa y la dejaban en unas tablas hasta la hora de meterlos al horno. Una vez cocido el pan, se transportaba en el mismo escriño hasta la casa.

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LAS BODEGAS

Existían muchas bodegas con tinajas de barro de diferentes tamaños, en las cuales se depositaba el mosto después de pisada la uva, y se cubría con la madre (piel de los granos de uva) fermentándose para después hacer el trasiego.

Era costumbre durante la fermentación, lo que se denominaba "dar cañazo" que consistía en introducir una caña y chupar para probar el caldo. Después de fermentado, el vino se colocaba en garrafas o botellas. Con la madre se destilaba aguardiente.

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LOS LAVADEROS

Hoy han sido sustituidos por las lavadoras. Había uno en la plaza de la Fuente y posteriormente en la Pesquera. Se lavaba sobre losas de piedra. Después de secada y planchada se guardaba la ropa en baules, en los que se ponía cuando era el tiempo membrillos para que la ropa estuviera perfumada.

También se lavaba en artesas de madera, con la típica tabla, o en barreños de cinc.

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LA PATENTE

Esta costumbre, que existía en casi todos los pueblos, consistía en que cuando un joven se hacía novio de una chica de otro pueblo, los mozos del pueblo de la novia pedían la patente. Consistía en que el joven tenía que pagar una cierta cantidad de dinero, proporcional a lo rica que era la novia.

El dinero casi siempre se empleaba en un "zurra" (vino con azúcar) al que también se solía invitar al joven. Por el contrario, si éste se resistía a pagarla, lo tiraban al pilón del agua de las mulas.

Dicen que se dio un caso, que la novia era tan fea, que cuando el joven quiso pagar la patente, le dijeron "que se la iban a pagar a él para que se llevase cuanto antes".

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LAS CENCERRADAS

Era costumbre que cuando un viudo se casaba, varios días antes empezaban las famosas cencerradas. Los hombres del pueblo, provistos de enormes cencerros, bombo, tambores, etc. recorrían las calles dando grandes gritos y se decían unos a otros: ¿Quién se casa? -Juan, ¿Con quién? -Con la Luisa, ¿Qué le va a dar? -Un candil roto, ¿Para qué? -Para que le hagan una foto. Y así, una sarta de disparates y frases mal sonantes, carreras arriba y abajo de las calles de los novios varios días hasta la madrugada. Si cogían a los novios les hacían un montón de fechorías, como subirlos en un carro y pasearlos por el pueblo, y otras burradas de este tipo.

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LAS CUEVAS

Cuando no existían los frigoríficos, se utilizaban para conservar los alimentos. Casi todas las casas disponían de una cueva más o menos grande, en las que mantenían fresca el agua de beber, conservaban el vino en tinajas, las orzas de chorizos, perniles, quesos, hortalizas, etc..

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ALGUNAS COSTUMBRES MAS

Gonzalo Mantecón Sáez, 2004

LA DULA

La dula era una costumbre relacionado con el ganado. Había vecinos que tenían un poco de ganado, cuatro o cinco ovejas, y para ahorrase la molestia de tener que sacarlas todos los días al campo, había un pastor que era el encargado de sacar las ovejas de los vecinos al campo agrupadas todas en un rebaño. Recorría las calles del pueblo y a su paso la gente le soltaba las ovejas que rápidamente se unían al rebaño. A la vuelta del campo, repetía el recorrido por las calles en sentido inverso. Cada grupo de ovejas reconocía su casa y directamente entraban o quedaban esperando hasta que les abriesen la puerta.

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LA BULA

Era costumbre en semana santa no consumir carne e incluso realizar ayuno hasta mediodía. Las familias más pudientes adquirían lo que se denominaba la bula. "Ves a Don Gumer y saca la bula". Consistía en que el cura daba a cambio de dinero un permiso (bula) para poder comer carne durante la Semana Santa sin cometer pecado. Los más humildes no sacaban la bula porque tampoco tenían dinero para comprar un trozo de carne que echarse a la boca.

También recuerdo cuando era monaguillo, que para comulgar había que estar en ayunas y era común que antes del comienzo de la misa, alguna mujer se acercase a la sacristía para consultar:

P- "D. Anastasio, me he tomado esta mañana un vaso de leche, ¿puedo comulgar?".

R- Si, y que sea la última vez, pero ... no habrás mojado ninguna magdalena ¿verdad?.

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LA IGUALA

Por los años 60, los médicos no tenían un salario muy alto, por lo que tenían una fuente de recaudación extra que se denominaba "la iguala". Cada famila pagaba al año una iguala que oscilaba entre 100 y 300 pesetas o su equivalente en trigo o cebada. Un vecino del pueblo se encargaba de recaudar el dinero una vez al año. Pagar la igual daba derecho a que el médico acudiese al domicilio del enfermo en caso de necesidad.

El médico tenía su consulta en su casa y de vez en cuando se daba una vuelta por el pueblo e iba pasando por las casas donde sabía que había algún enfermo.

Esta costumbre acabó estando de médico Don Lucio, los últimos que se encargaron de cobrarla fueron David y la Araceli.

También había otra iguala que era la del barbero. Pascual, daba una vuelta dos días en semana por el pueblo y afeitaba y arreglaba el pelo a quienes la pagaban.

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José Mª Jiménez Rodrigo

LA PARTERA

Así, es como llamaban a las señoras que nos ayudaron a venir al mundo a tantas criaturas en los pueblos donde no había medios para desplazarse hasta el hospital. Ni tampoco los hospitales tenían capacidad para atender a tantas mujeres que parían directamente en las provincias.

Las parteras siempre estaban dispuestas las 24 horas del día, ante cualquier inclemencia del tiempo y además de forma desinteresada.

Hemos sido muchos los que hemos tenido el honor de haber conocido a la última partera de nuestro pueblo, Villar de Cañas (Cuenca). Su nombre era Epifania Pernías Olmo (tía Epifania). Su cuerpo era menudo, su aspecto flojo, pero su corazón era grande y Dios la facultó de una salud de hierro, disfruto de una vida longeva (92 años). Siempre supeditada a los demás, se puede considerar una gloria de nuestro pueblo, heroína incógnita. Jamás alegó cansancio y lo mismo atendió a ricos que a pobres. Su misión no terminaba en el parto, sino que posteriormente asistía a la casa donde se había producido el alumbramiento para cuidar de la madre y del recién nacido todos los días que fuesen necesarios.

Dado el número de nacimientos, entre 30 y 40 al año, esta señora pasaría muchas noches en vela de acá para allá, por unas calles atascadas por el agua y barro, con poca o ninguna iluminación. Atendía también los partos de las familias gitanas cuando acampaban en las eras. Jamás pidió dinero por sus servicios, sabemos que aceptaba regalos de aquellos que podían, tales como un carro de paja, unas gavillas de leña, unas tajadas de tocino, etc. etc..

Han sido varios los libros que se han escrito en nuestro pueblo haciendo mención a militares, maestros, etc., a los que se les trata de ilustres y se les han puesto calles, pero jamás se ha escrito nada sobre tía Epifania. Particularmente, pienso que tiene merecido un homenaje y he pedido a la corporación municipal que ponga su nombre en una calle de nuestro pueblo.

Epifania Pernías Olmo. Nació en Villar de Cañas el 7 de abril de 1884. Contrajo matrimonio en Villar de Cañas el 19 de mayo de 1909 con Balbino Puig Torralba, nacido en Villar de Cañas hacia 1884. Jornalero. Vivieron en la calle de Valencia.

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   LOS AÑOS FELICES

En esta fotografía estamos la mayor parte de los niños escolarizados en enseñanza primaria de entre 9 y 14 años, y digo la mayor parte porque faltan 10 o 12, este es el número que cada día faltaba a clase, unos porque tenían que trabajar y otros porque la lección no se la habían aprendido y temían el castigo de los maestros. Si mal no he contado estamos 84.

No hemos podido identificar a todos pero a todos los recordamos con cariño. Varios ya han fallecido (q.e.p.d).

Entre nosotros reinaba una buena armonía y compañerismo, aunque surgiera alguna pelea propia de la edad.

Si, éramos felices, con poco dinero y sin caprichos, pero con sencillez y resignación. Algunos de estos niños no tenían camisa y si la tenían solo se la ponían los días de fiesta y el día que nos hicimos esta fotografía. Tampoco tenían zapatos, yo los he visto caminar descalzos sobre la nieve y el hielo.

Teníamos un gran respeto a padres y maestros y sobre todo al señor cura, al cual había que besarle la mano cuando nos lo encontrábamos en la calle.

Para gastar nuestros ahorros teníamos varias opciones. Cine, churrería, pastelería, helados, barquillos y chucherías, así como alquiler de bicicletas. Todo esto los domingos. Esto nos costaba: el cine 2 pts., un churro 50 ctms., un pastel 1,50 pts., un helado de cucurucho 50 ctms., un barquillo 20 ctms., un caramelo 10 ctms., una pastilla de leche de burra 10 ctms., una galleta de coco 10 ctms., una hora de alquiler de bicicleta 1 pts..

En nuestros ratos libres (que eran pocos) jugábamos al trompo (peonza), el burro, pídola (dola), mula corrida, al esconde correas y albarcas, la olla, el himbo, el hinque, el cuadro, la rayuela, el escondite, el cirio, el rulo, el toro, el gua, la gallinita ciega y el fútbol.

Los días lluviosos y fríos jugábamos en las cuadras, habitáculo este muy apreciado por el calor que desprendían los animales, aunque un poco sucio. Aquí los juegos se reducían a las cartas y a la gallina ciega.

Como veréis la forma de convivir los niños en los pueblos ha cambiado bastante adaptándose a una vida opulenta. Tengo que decir que dudo entre si hemos cambiado a mejor o a peor.

José Mª Jiménez Rodrigo, agosto de 2006

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LA PANTASMA

Hace 50 años era frecuente oir... dicen que anoche vieron "la Pantasma" en tal callejón, o en el petril de la iglesia. Tengamos en cuenta que siempre han existido personas que han disfrutado al contar estas cosas, para impresionar a los más jóvenes (asustachicos) haciendo alusión a fantasmas, apariciones y sucesos extraños en determinadas fechas del año, como el día de los difuntos y la existencia del "hombre de la sangre" y  "el tío del saco". Las consecuencias para los niños son nefastas.

Sabemos que los fantasmas no existen. Aquella "Pantasma" que nos decían haber visto, vestida de blanco, de una altura fuera de lo común, utilizando como atuendo los palos de cerner la harina y una sábana, sin lugar a dudas es ficticia y carnavalesca, un tópico.

Por naturaleza, siempre han existido las relaciones amorosas, por consiguiente las parejas tenían que contactar, cosa que hacían en los huecos de las puertas y muchas a hurtadillas, debido a que los padres de la moza no veían con buenos ojos al mozo que pretendía emparejarse con su hija y cuando estos dormían, los enamorados aprovechaban para verse a través de una ventana de la vivienda, arropados con una prenda de abrigo capa o manta, observándose un bulto oscuro.

Paralelamente, otros cometían hurtos, tanto fuera como dentro del casco urbano. Podemos decir con ironía que a los corrales acudía "la zorra" y a las viñas, eras, huertos, etc.. los "gatos de veinte uñas".

Estas acciones yo considero que eran justificadas debido a la escasez de recursos y a las bocas que había que alimentar. La mayor parte de las familias eran numerosas.

Está muy claro cuales eran "los fantasmas" en los pueblos y su deambular por la noche de un lado para otro con muy poca iluminación en las calles.

José Mª Jiménez Rodrigo, agosto de 2007

 

Añadido de Pedro Luis Sáiz.- También cuentan los mayores que por los años 60 estaba muy mal visto que los viudos tuviesen relaciones amorosas. Por la noche aprovechando la mala iluminación de las calles alguno se disfrazaba de "Pantasma" para visitar a su amante, ya que la sábana le tapaba la cara y el pecho, con lo que evitaba ser reconocido y por otra parte los jóvenes huían despavoridos.

Era tal el miedo que nos daba e mero hecho de pensar que nos podíamos encontrar con "la Pantasma" que una vez me mando mi padre a llenar el botijo a la fuente del Cerrillo por la noche (porque decía que ya era mayor). Cuando lo estaba llenando, vi moverse un trapo blanco en una ventana y salí corriendo hacia mi casa voceando ¡la Pantasma, la Pantasma!... y me dejé el botijo en la fuente.

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  © Copyright Gonzalo Mantecón Sáez - 17/02/02